fragmentos de bolsillo

Los valores humanos están determinados por los valores económicos. Lo que es bueno para la máquina debe serlo para el hombre. El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo perderlo-.
(El arte de amar, Erich Fromm)

viernes 12 de junio de 2009

Fe.

Sólo en sueños, en la poesía, en los juegos –encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.


Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 105.


En algún lugar innumerado de esa gran filosofía de vida que es Rayuela encontré, siempre por azar, un pasaje en que un personaje decía que al final todo era cuestión de fe.


Una frase de Nietzsche: ‘’Fe significa no querer saber la verdad’’.


Claro que Nietzsche unía inevitablemente la fe con lo religioso. Y aquellos que abrazan la fe no piensan, en ningún momento, que esa fe que llevan a cuestas es una manera de esconderse del mundo. Dejémoslo ahí, que todavía una no comprende esa fe religiosa salvo cuando el Cristo de la Paz se para en toda su cara, los costaleros hacen un esfuerzo arriba y abajo para clavarlo en la tierra y suena la música de repente y de fondo con sollozos traseros de mamá. Entonces invade el recuerdo de personas inevitablemente pasadas que ya no pueblan los caminos, y una se convierte en una magdalena sin saber aún si eso es fe religiosa o no, yo me decanto por el poder de las imágenes.


El poder de las imágenes, el poder de un verso cuando entra en el cuerpo y se queda grabado, el poder de un niño en un carrito de bebé que sonríe y quiere jugar mientras la mamá lee el periódico ignorando los sucesos que bien podrían girar su vida. Ignorar esos sucesos, esas prácticas cotidianas que están ahí y que siempre obviamos porque se han consagrado terriblemente y han pasado a formar parte de palabras tan feas como rutina, tedio, monotonía.


Qué carajo queda entonces si no es eso, si no sabemos o no aprendemos o no queremos resquebrajar la realidad imponente y sacarle el jugo, entiendo, es difícil, pero se puede, mira que si se puede, yo lo siento en la calle cuando hace viento, cuando voy caminando al ritmo de una canción que me tararean en los oídos, cuando paseo en bicicleta sin pedalear cuesta abajo, cuando juego a las cartas y gano, aquí ahora mismo en este olor a madera quemada y mofletes colorados.


Es como si hubiera un mundo encerrado dentro del que siempre vemos que es pura tristeza, un mundo encerrado que no queremos dejar salir porque sería el caos, ay, linda palabra. Y ese mundo quizá contendría… iba a decir respuestas, ya no sé, es posible que contenga multitud de respuestas que no coincidan con nuestras preguntas. Pero y qué más da, quizá habría que cambiar esas preguntas, ¿no?, al fin y al cabo están ligadas al mundo que llamamos real, al tedio y ese tipo de cosas.


Sí, yo también pienso que habría que tirar la ventana y a nosotros con ella. Desechar nuestra manera racional y mundana de ver el mundo, que no sirve, que se gasta y buscamos e intentamos abrir nuevas vías de respiración no contaminada. En ello andamos, a veces con los ojos bajos mirando la basura amontonada del suelo, a veces con los ojos brillantes porque pasó una motita de polvo justo al lado nuestro y con el sol detrás hasta brillaba. Al fin y al cabo va a ser eso, la fe (me ahorro la parafernalia antirreligiosa, o más bien anticlerical, porque lo religioso tiene también su componente místico, intangible y nosotros también lo tenemos ahí dentro, innegable) lo que nos mueve hacia nosesabedónde y donde llegaremos quiénsabecuándo.

1 comentarios:

yo dijo...

Yo creo que Nietzsche no sólo se refiere al tema religioso sino a que la fe, entendida como una esperanza ciega, no es más que un engaño que elaboramos para no enfrentarnos a la verdad. Por lo que veo tú tienes fe en ese mundo bello y extraño que es el que siempre nos rodea pero visto con otros ojos, desde otro ángulo. Buen Blog.