Estos fragmentos pertenecen a la introducción y la conclusión de un trabajo que realicé para Historia Medieval sobre la visión histórica del mundo islámico en la Edad Media y en la actualidad.
‘’El 11 de septiembre de 2001 el mundo occidental y cristiano descubrió, repentinamente, la existencia de un inmenso universo ignorado: la existencia de mil doscientos millones de musulmanes.
De los diecinueve kamikazes quince eran ciudadanos de Arabia Saudita. El veinte, Zacarias Moussaoui, era francés, de madre marroquí, emigrante en Francia. (…) Le dieron cincuenta minutos para explicar su situación. Empleó un mínimo de su tiempo. Sólo para decir lo siguiente:
Que rezaba por la destrucción de los Estados Unidos; por la destrucción del pueblo judío y de su Estado y, finalmente, por el restablecimiento de la dominación islámica en España’’
‘’El 11 de septiembre de 2001 el mundo occidental y cristiano descubrió, repentinamente, la existencia de un inmenso universo ignorado: la existencia de mil doscientos millones de musulmanes.
De los diecinueve kamikazes quince eran ciudadanos de Arabia Saudita. El veinte, Zacarias Moussaoui, era francés, de madre marroquí, emigrante en Francia. (…) Le dieron cincuenta minutos para explicar su situación. Empleó un mínimo de su tiempo. Sólo para decir lo siguiente:
Que rezaba por la destrucción de los Estados Unidos; por la destrucción del pueblo judío y de su Estado y, finalmente, por el restablecimiento de la dominación islámica en España’’
(El Islam: ese inmenso desconocido en rebelión. Juan María Alponte, Revista de la Universidad de México)
Ahora que ya hemos adquirido plena conciencia de la existencia del mundo islámico, y ahora también que, por desgracia, surgen disputas entre el Occidente y el Oriente por razones y fabricaciones históricas, es necesario revisar los episodios de nuestra historia donde se encuentra un mundo que hemos mantenido desterrado en nuestras mentes hasta hoy. Ese mundo es Al-Andalus. Conocerlo nos sirve para entender bajo qué pretextos actúan hoy el Occidente y el Oriente, la hegemonía occidental y el fundamentalismo islámico. Y también para aprovechar, debido a la llegada de inmigrantes marroquíes, esta oportunidad de convivencia y diálogo entre ambas culturas.
***
Quiero decir antes que nada que el motivo de este trabajo ha sido y es ante todo personal –incluso sentimental-, como me parece que ha de ser todo lo que estudiamos. Al comenzar este trabajo tenía multitud de ideas en la cabeza sobre la manera de enfocarlo, pensaba no sólo en al-Andalus y en el mundo islámico actual, sino particularmente en Marruecos y en sus relaciones con España a lo largo de la historia, relaciones dominadas por la tolerancia y también por la cerrazón. La idea surgió después de mi viaje a Marruecos y del contacto con un mundo que nos resulta inevitablemente exótico, complejo pero también familiar. He tenido que dejar algunas cosas atrás por falta de tiempo y al final, el resultado es apenas un puzzle con distintas piezas, separadas por el momento, que sin embargo han dejado claras varias cosas respecto al tema y objeto del trabajo (también muchas dudas, pero de eso se alimenta la sabiduría).
En primer lugar y quizá desde nuestra visión del mundo, desde una perspectiva que es occidental y que es española, me parece inevitable señalar la complejidad en torno a la cual se erige el mundo islámico. Esa complejidad estoy segura de que nace primero del desconocimiento casi total que tenemos de ese mundo, pero también entran en juego otros factores, y es que no se puede comparar el mundo occidental con el islámico en cuanto a procesos históricos a día de hoy, en un Occidente secularizado frente a un Oriente islámico que busca otros caminos. Tenía razón y es hermoso a la vez que un poco triste cuando Albert Ferrer dice que ‘’en Oriente hay un movimiento hacia la unidad, hacia el uno. En Occidente hay un desgarramiento entre el uno y el múltiple’’ y que ‘’aunque sea por medios distintos, pueden andar buscando lo mismo, en busca de espiritualidad, en busca de unidad’’ . Estas palabras pueden resultar plagadas de inocencia, en cierto modo es así porque se pasa por alto todo conflicto actual y pasado, pero constituyen, desde mi punto de vista, una de las claves para la solución de esos conflictos que hoy vivimos.
En segundo lugar el papel que una vez más volvió a jugar Occidente esta vez en el mundo islámico contemporáneo. Sabemos de nuestro peso en el mundo, de nuestra cultura y de nuestra hegemonía, de todos los valores sobre los que nos hemos constituido y sin embargo, nos volvemos unos bárbaros cuando nos da por colonizar, por influir a países sin preguntar siquiera, todo eso –quizá lo más horrible- justificado por un discurso falsamente democrático y civilizador. Me encantaría que el mundo islámico nos diera una respuesta frente a eso, que el mundo islámico se configurase acorde a su sociedad, a su pensamiento, etc., y que esa configuración fuera el fruto de toda la comunidad de un país, hecha por ellos mismos, aunque influenciada, como siempre ocurre, por otras culturas. Pero me parece difícil, porque hay una parte de nosotros, una mayoría que no quiere, y porque también hay entre ellos aquellos que buscan solamente inmovilizar lo cambiante, y que desgraciadamente muchas veces lo consiguen.
Hoy el mundo islámico nos toca, se mueve entre nosotros y a la vez sin nosotros, es un extraño, un intruso que de repente ha llegado y ha matado a doscientas personas en Madrid, un intruso que comparte el autobús interurbano con nosotros. Es curioso cómo de repente el autobús se transforma en una mezcla espontánea de colores, de miradas. Es muy cierto que la visión que tenemos de ese mundo está tergiversada o justificada por la historia, por el desconocimiento que lleva al rechazo y al miedo. Otras veces es sencillamente el mundo contrario al nuestro, fanático, caótico, irracional, espejo y crítica de Occidente , como bien dice Juan María Alponte.
Por eso me parece un esfuerzo importante intentar, antes que nada, conocer ese mundo, aunque sea sólo a grandes rasgos, conocerlo para entender el por qué de los procesos que vive, procesos porque es un mundo que se mueve, que cambia, un mundo al que influimos con nuestra imparable hegemonía occidental y que también nos influye al acercarse a nosotros con la llegada de tantos inmigrantes a nuestro país. La inmigración se convierte muchas veces en un problema, un problema serio que nos trae de cabeza. A mí me gusta pensar, sin olvidar eso, que también es una oportunidad que se nos brinda, la oportunidad de dejar de un lado los clichés y prejuicios de toda clase y adentrarnos en una cultura que también tiene mucho que ofrecernos. Al fin y al cabo la patria como tal es un invento, son muchos paisitos (de país) juntos, muchas gentes diferentes que se mezclan y mezcladas son lo que llamamos hoy España, o cualquier país que se tercie.
En primer lugar y quizá desde nuestra visión del mundo, desde una perspectiva que es occidental y que es española, me parece inevitable señalar la complejidad en torno a la cual se erige el mundo islámico. Esa complejidad estoy segura de que nace primero del desconocimiento casi total que tenemos de ese mundo, pero también entran en juego otros factores, y es que no se puede comparar el mundo occidental con el islámico en cuanto a procesos históricos a día de hoy, en un Occidente secularizado frente a un Oriente islámico que busca otros caminos. Tenía razón y es hermoso a la vez que un poco triste cuando Albert Ferrer dice que ‘’en Oriente hay un movimiento hacia la unidad, hacia el uno. En Occidente hay un desgarramiento entre el uno y el múltiple’’ y que ‘’aunque sea por medios distintos, pueden andar buscando lo mismo, en busca de espiritualidad, en busca de unidad’’ . Estas palabras pueden resultar plagadas de inocencia, en cierto modo es así porque se pasa por alto todo conflicto actual y pasado, pero constituyen, desde mi punto de vista, una de las claves para la solución de esos conflictos que hoy vivimos.
En segundo lugar el papel que una vez más volvió a jugar Occidente esta vez en el mundo islámico contemporáneo. Sabemos de nuestro peso en el mundo, de nuestra cultura y de nuestra hegemonía, de todos los valores sobre los que nos hemos constituido y sin embargo, nos volvemos unos bárbaros cuando nos da por colonizar, por influir a países sin preguntar siquiera, todo eso –quizá lo más horrible- justificado por un discurso falsamente democrático y civilizador. Me encantaría que el mundo islámico nos diera una respuesta frente a eso, que el mundo islámico se configurase acorde a su sociedad, a su pensamiento, etc., y que esa configuración fuera el fruto de toda la comunidad de un país, hecha por ellos mismos, aunque influenciada, como siempre ocurre, por otras culturas. Pero me parece difícil, porque hay una parte de nosotros, una mayoría que no quiere, y porque también hay entre ellos aquellos que buscan solamente inmovilizar lo cambiante, y que desgraciadamente muchas veces lo consiguen.
Hoy el mundo islámico nos toca, se mueve entre nosotros y a la vez sin nosotros, es un extraño, un intruso que de repente ha llegado y ha matado a doscientas personas en Madrid, un intruso que comparte el autobús interurbano con nosotros. Es curioso cómo de repente el autobús se transforma en una mezcla espontánea de colores, de miradas. Es muy cierto que la visión que tenemos de ese mundo está tergiversada o justificada por la historia, por el desconocimiento que lleva al rechazo y al miedo. Otras veces es sencillamente el mundo contrario al nuestro, fanático, caótico, irracional, espejo y crítica de Occidente , como bien dice Juan María Alponte.
Por eso me parece un esfuerzo importante intentar, antes que nada, conocer ese mundo, aunque sea sólo a grandes rasgos, conocerlo para entender el por qué de los procesos que vive, procesos porque es un mundo que se mueve, que cambia, un mundo al que influimos con nuestra imparable hegemonía occidental y que también nos influye al acercarse a nosotros con la llegada de tantos inmigrantes a nuestro país. La inmigración se convierte muchas veces en un problema, un problema serio que nos trae de cabeza. A mí me gusta pensar, sin olvidar eso, que también es una oportunidad que se nos brinda, la oportunidad de dejar de un lado los clichés y prejuicios de toda clase y adentrarnos en una cultura que también tiene mucho que ofrecernos. Al fin y al cabo la patria como tal es un invento, son muchos paisitos (de país) juntos, muchas gentes diferentes que se mezclan y mezcladas son lo que llamamos hoy España, o cualquier país que se tercie.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada